• Cuando el sueño de tener una parcela de agrado se transforma en un infierno
    Cuando el sueño de tener una parcela de agrado se transforma en un infierno
Son decenas las familias que se han sumado al verdadero boom de comprar un terreno en alguna zona rural, ni cerca ni lejos de la ciudad, para vivir más tranquilos, pero se ven enfrentadas a la falta de servicios que son básicos, como el agua y la luz y sin ninguna posibilidad de contar con ellos

Es fácil ingresar a las redes sociales como Facebook y encontrar muchas ofertas para la adquisición de terrenos para la segunda vivienda o para retirarse a vivir tranquilos, alejados del ruido y los atochamientos de la ciudad.

Se trata de un fenómeno que ha tomado fuerza en la última década y en los últimos años se ha transformado en un verdadero boom que ha impulsado a decenas de familias a tomar la determinación de comprar una parcela de agrado equidistante de la ciudad para irse y comenzar una vida más tranquila.

Los motivos para tomar la determinación son variados: la tranquilidad, tener más contacto con la naturaleza, evitar todo tipo de contaminación ambiental y las variadas posibilidades que están dando las ofertas para adquirir un terreno, cuya mínima medida son cinco mil metros cuadrados.

Pero si hay algo, dentro de todas las combinaciones, que ha llevado a las personas a adquirir un terreno, son las ofertas que se encuentran en el mercado y las garantías que se están dando para acceder a una parcela de agrado, que en muchos casos termina no teniendo nada de agrado y por el contrario, muchos disgustos.

Los valores oscilan desde los dos millones de pesos hasta unos 16 millones y más.

En muchos de los casos se puede dar un pie y por el resto se firman letras que se pagan mensualmente. Por ejemplo, se puede cancelar un 50% del valor del terreno y al firmar la escritura, el otro 50%. También se puede dar un pie de 200 mil pesos para reservar un terreno, pero si finalmente no le gusta o no realiza la transacción pierde ese dinero.

En definitiva, las ofertas son variadas y existen verdaderos especialistas en convencer a los eventuales clientes para que realicen la compra. Sin embargo, en muchos casos los ofrecimientos no se cumplen y quienes invirtieron terminan prácticamente abandonados en zonas rurales y en su gran mayoría, sin acceso a agua ni a electricidad.

LA OFERTA

Quienes ofrecen los terrenos, por lo general, los difunden por distintos medios, especialmente por las plataformas de internet, donde se suben fotografías y detalles de las cualidades del lugar. Se promociona el buen clima, las características del terreno, donde se puede sembrar, cultivar flores, plantar árboles y otros. La cercanía del mar, cuando son terrenos costeros, y un aire con cero contaminación y fácil acceso. También se destaca el silencio y la tranquilidad del lugar.

Estos datos finales y el deseo de la tranquilidad familiar llevan a tomar la determinación final. Pero no todo es como se lo han vendido y muchas veces un sueño se transforma en pesadilla.

Uno de los temas más recurrentes que hacen presente quienes a poco andar se sienten engañados, dice que la seguridad es casi nula y en algunos casos, como ocurre en El Arrayán Costero, en la entrada norte de La Serena, a un costado de la Ruta 5, es que los residentes han tomado la determinación de tener armas en los domicilios, ya que los robos les están dejando enormes pérdidas.Una de las afectadas, Maud Gitterman, quien sufrió el robo de su casa tras ausentarse por un fin de semana, a estas alturas ya se siente defraudada de la adquisición.

El terreno de cinco mil metros cuadrados, adquirido hace siete años en el Condominio El Edén, habría sido con el compromiso de que a la brevedad tendría acceso a agua y luz. Pero al pasar del tiempo, esto no ha ocurrido. Gitterman ya lleva un año viviendo en el terreno, donde construyó su casa, ha debido instalar luz con panel solar (lo básico para un par de lámparas) y el agua tiene que pagarla para que un camión aljibe le lleve cada 15 días.

Pero no es el único caso. En el mismo sector del Arrayán Costero, que llega hasta el Puente Juan Soldado, hay varias familias que creen que fueron estafadas con las promesas de que tendrían estos servicios.

Según Carlos Véliz, quien compró a un particular su parcela de agrado, “con la construcción de la carretera las cosas van a empeorar, porque ya no es la falta de agua, de luz y de seguridad, sino que no tendremos cómo retornar a La Serena, ya que la ruta va a tener un acceso en Caleta Hornos. O sea, que voy a poder llegar a mi casa, pero cuando quiera ir a la ciudad, tendremos que darnos la vuelta en esa caleta”.

En su caso dice estar arrepentido de haber hecho la inversión y que prácticamente ahora es una persona que está bajo la línea de la pobreza sin tener los servicios básicos.

Plantea que vivía en el sector de San Juan en Coquimbo, pero aburrido de la población y de algunos actos de delincuencia decidió cumplir el sueño de su vida de vivir en una parcela de agrado. Por este motivo, vendió su casa, compró el terreno y se construyó una casa nueva, puesto que se le aseguró que el agua y la luz estarían en poco tiempo en el lugar, precisamente con la nueva carretera. Lleva dos años viviendo en el lugar, debe esperar a que le lleven agua en un camión aljibe, no tiene esperanzas de contar con electricidad y dice que su calidad de vida empeoró.

“Me han robado dos veces, primero los materiales de construcción, que tuve que comprar nuevamente y después mis muebles. No puedo salir de acá porque no puedo dejar solo. O sale mi esposa o salgo yo, ya no podemos salir en familia por temor a que nos roben, estoy convertido en un preso en mi propia casa. Mi sueño se ha convertido en un infierno”, se lamenta.

LA LIBERTAD

El sociólogo Benjamín Bongard en uno de sus ensayos plantea que los chilenos en las últimas dos décadas han dado vuelta su mirada hacia sus orígenes, es decir el campo, la tierra y también buscan libertad con los suyos, con la familia, lo que ocurriría porque el chileno se está poniendo cada vez más individualista.

Esto quizás se explica en la familia Rojas Monroy, quienes adquirieron una parcela en Altovalsol. “Nuestra idea inicial fue alejarnos de donde vivíamos aburridos de los vecinos, la bulla y las fiestas los fines de semana, queríamos un espacio para nosotros, alejados de vecinos, pero estamos un poco arrepentidos”, cuenta Maribel Pérez.

Explica que sí han conseguido tranquilidad, pero que la falta de agua les ha jugado la peor de las pasadas, ya que al comprar se les aseguró que había mucha agua subterránea y la necesidad la podían suplir construyendo un pozo de captación, el que produjo sólo dos meses y se secó irremediablemente. En la actualidad deben pagar para que el camión aljibe les lleve cada dos semanas una cantidad limitada de litros y más cara que a los residentes históricos del sector.

“Yo me crié casi en el campo, cuando había muchas vegas en La Serena y pensé que mis hijos disfrutarían de lo mismo, pero ahora vivimos en peores condiciones de las que teníamos antes. No hay bulla ni molestias, pero no tenemos agua ni luz”, se lamenta Maribel.

ESTAFA VIRTUAL

Quienes han tomado la opción de contar con una segunda vivienda para ir los fines de semana, las vacaciones o en eventos especiales, tampoco se sienten tan cómodos, puesto que cada vez que utilizan su segundo hogar, tienen que hacerlo en condiciones bastante inferiores a cómo viven regularmente.

La familia Roco Espinoza es una de las que optaron por esta inversión, pero no contaban con tener que contratar a una persona que les cuidara el recinto, por lo que se vieron obligados a armar una pequeña cabaña y llevar a una pequeña familia que les cuida y les mantiene el terreno, ya que hace un año sufrieron un importante robo, donde incluso le llevaron el lavaplatos y la taza del baño.
“Ha sido difícil, pero a pesar de las dificultades nos hemos acomodado lo mejor posible, porque no queríamos la parcela para venirnos a vivir, sólo para descansar y el objetivo hasta ahora lo estamos cumpliendo”, dice Germán Roco.

Claudia Gaete adquirió una parcela de agrado en el sector de El Rosario, en el valle de Elqui. Si bien no ha sufrido robos y el lugar es apacible, ella no ha puesto ni un solo palo en el terreno, ya que no tiene agua ni factibilidad de tenerla, por lo que indica que lo tiene como inversión y esperará que las condiciones cambien en el futuro, de lo contrario venderá.

De todas formas, ella se entusiasmó por la promoción que vio por internet, donde los terrenos se veían maravillosos en las fotografías, las que aparentemente habían sido tomadas en un año lluvioso, porque estaba todo el campo florido y las especies autóctonas verdes. Por eso desliza la teoría de que también existe un engaño virtual por parte de quienes venden.
 

 

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