• En la fotografía se puede ver a Luzia (al costado derecho) junto a su abuelo y a sus dos hermanos, con quienes estuvo de vacaciones en La Serena.
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Marisa Gómez visitaba por primera vez La Serena junto a su familia, cuando su hija de nueve años sufrió una descompensación por diabetes, siendo atendida de urgencia en hospitales locales. En conversación con El Día, la mujer se emociona al recordar la excelente atención que recibió en medio del caos por el fuerte sismo que afectó a la región

Un camino de héroes anónimos recorrió una familia argentina en la Región de Coquimbo el pasado 19 de enero, cuando un fuerte terremoto interrumpió la tranquilidad de los habitantes y turistas de la zona, dejando cientos de casas destruidas y a la ciudad completamente a oscuras.

Marisa Gómez, oriunda de Córdoba, se encontraba de vacaciones en La Serena junto a sus tres hijos y su suegro de 79 años. Era primera vez que visitaba la capital regional y estaba maravillada con la magia del borde costero. Todo iba bien, hasta que esa fatídica mañana su hija de nueve años, quien padece de diabetes mellitus, amaneció enferma.

“Se merecen la primera plana por cómo han trabajado con la niña en un momento así (…) Quiero resaltar el profesionalismo de las personas y su humanidad, no solamente con mi hija, sino que con otros niños”, Marisa Gómez, turista argentina

La menor presentó complicaciones de salud durante todo el día, motivo por el que en primera instancia fue atendida en un Servicio de Atención Primaria de Urgencia (Sapu) de La Serena, para luego ser trasladada al hospital San Juan de Dios y finalmente derivada al hospital San Pablo de Coquimbo.

La pequeña Luzia Zürker fue diagnosticada con un cuadro de cetoacidosis diabética, una complicación grave de la enfermedad que incluso puede llegar a poner en riesgo la vida del paciente. Aparentemente, producto de un desperfecto de la bomba de insulina, la niña estuvo más de 16 horas sin el suministro.

Desde Argentina, la madre de Luzia contactó a El Día para agradecer y destacar la atención de profesionales de la salud de la región, tanto del hospital de La Serena como de Coquimbo.  Con evidente emoción en su voz, cuenta que “realmente fue un despliegue impresionante en medio de una noche que fue un caos”.

Capacidad humana y profesional

Diez días había cumplido Marisa y su familia en la región cuando Luzia enfermó. “Se levantó con vómito y estuvo todo el día mal (…) En medio de toda la asistencia que recibió en el hospital de La Serena, sucedió el terremoto. En ese momento la subieron a la unidad de terapia intensiva (UTI) y luego decidieron trasladarla al hospital de Coquimbo”, cuenta.

La mujer recuerda de manera especial los cuidados de la pediatra María Laura Rivero Méndez, quien estuvo de turno esa noche. Le llamó la atención que pese a estar embarazada, la doctora siempre estuvo pendiente de la niña, controlando la situación a cada momento y dándole la contención que necesitaba.

“Uno se siente pequeñito en el mundo porque uno hace su trabajo y nunca espera el agradecimiento del paciente, ya que es nuestro deber. Siento satisfacción", María Laura Rivero Méndez, pediatra del hospital de La Serena

En paralelo a la emergencia que se vivía al interior del recinto, aumentaba la preocupación por su suegro y sus otros dos hijos, ya que se estaban hospedando en un hotel ubicado en la Avenida del Mar. Gracias a la ayuda de los especialistas del lugar, Marisa pudo cargar el celular y comunicarse con sus seres queridos.

La pequeña Luzia Zürker fue diagnosticada con un cuadro de cetoacidosis diabética, una complicación grave de la enfermedad que incluso puede llegar a poner en riesgo la vida del paciente

“Las enfermeras de La Serena me prestaron un cargador para ocupar mi teléfono y me compartieron internet. Me comuniqué con mi marido en Argentina y él a su vez con el padre. En eso, llega un profesional y me explica que la doctora Rivero había hablado con él y la ambulancia ya venía en camino para llevar a la nena a Coquimbo”, relata.

Al subir al vehículo, en la que iban tres paramédicos, se entera que una de ellas estaba de vacaciones y decidió trabajar para ayudar a los más necesitados. En tanto, en el hospital San Pablo la recibió la doctora venezolana María Gabriela Aponte Zambrano, que según dice le brindó un servicio excelente.

“Me explicó toda la situación, lo delicada que estaba la niña y todos los procedimientos que iban a hacer. Me dejaron quedarme en la sala de doctores hasta las 07:30 horas, momento en el que volví a La Serena para ver al resto de mi familia (…) Estuvieron conmigo todo el tiempo,  cada una hora le hacían análisis para ver su evolución”, señala.

En este punto, Marisa Gómez también destacó el trabajo de la asistente social Ana G. Ramos Labarca y las enfermeras de la UCI. “Se merecen la primera plana por cómo han trabajado con la niña en un momento así (…) Quiero resaltar el profesionalismo de las personas y su humanidad, no solamente con mi hija, sino que con otros niños”, expresa.

Satisfacción

En conversación con El Día, la pediatra María Laura Rivero Méndez se mostró muy contenta por el reconocimiento de la familia trasandina. “Uno se siente pequeñito en el mundo porque uno hace su trabajo y nunca espera el agradecimiento del paciente, ya que es nuestro deber”, comenta.

En la misma línea, agrega que “siento la satisfacción de que la madre de Luzia entendió que intentamos ayudarla y eso te da fuerza para seguir haciéndolo mucho mejor (…) Tratamos darle toda la contención emocional a la madre porque es muy importante que los familiares colaboren con nosotros”.

María Laura es venezolana y este es el primer terremoto que ha enfrentado en su vida. Respecto a cómo controló la emergencia, sostiene que “con el correr del tiempo uno se hace un sello propio de no manifestar tus sentimientos. Tenemos que ser fuertes para lograr un equilibrio en el equipo y no caer en el caos”.

En tanto, Ana Ramos Labarca, trabajadora social del hospital de Coquimbo, quien se encargó de hacer efectivo el convenio binacional que existe con Argentina para los pacientes en situación crítica, cuenta que lo más importante fue tranquilizarla y hacerla sentir como en casa.

“La idea es que sintiera que pese a estar lejos de su país, aquí tenía personas preocupadas de ella y de la salud de su hija, que estaba en buenas manos. Ella se sentía muy desprotegida y vulnerable y nosotros la acogíamos, yo creo que eso fue lo que más la conmovió”, indica. 6001i

Riesgo de vida

Rodrigo Barra, pediatra de turno que recibió a Luzia Zürker la tarde del sábado 19 de enero, relata a El Día cómo sucedieron los hechos. “Llegó a nuestro servicio de urgencia y fue catalogada de inmediato como un caso grave porque venía con una descompensación de diabetes tipo 1”.

“La paciente utilizaba un tratamiento muy moderno, que es una bomba de insulina, la que aparentemente falló. La menor llegó muy deshidratada y con compromiso hemodinámico. Este sería el segundo caso de la región donde se ha visto una falla de este tipo, donde generalmente puede ser por error humano”, detalló.

Respecto a los riesgos de la cetoacidosis diabética, explica que “si no se trata es mortal, por eso ingresó rápidamente con calificación de máxima gravedad. Las personas con este tipo de diabetes dependemos de la insulina y lo que hace esta bomba es inyectarnos constantemente, pero exige que sea muy cuidadoso el manejo”.

 

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