• Sus razones para clamar por ayuda pasan por entrevistarse con funcionarios, políticos, médicos, asesores y asistentes de éstos: sin obtener una respuesta satisfactoria.
Crédito fotografía: 
Leonel Pizarro
Lo que quiere es un poco de ayuda médica para su hijo, quien al parecer padece de un cuadro de esquizofrenia y adicción.

Un tipo tranquilo como Alonso Araya en un momento de desesperación es capaz de tomar decisiones equivocadas. Pero sus motivos son válidos: su hijo y su familia.

Sus razones para clamar por ayuda pasan por entrevistarse con funcionarios, políticos, médicos, asesores y asistentes de éstos: sin obtener una respuesta satisfactoria. Lo que quiere es un poco de ayuda médica para su hijo, quien al parecer padece de un cuadro de esquizofrenia y adicción.

Alonso llegó a su casa en la población 8 de Julio y la encontró destrozada, desordenada, cosas rotas regadas por todas partes. No es primera vez que su hijo en un ataque de ansiedad se comporta así. Desde que salió de un tratamiento médico en Pudahuel había mejorado, pero ha vuelto a caer en una espiral de la que no sabe salir.

Alonso ya no tiene herramientas. Su familia disfuncional, separada, no es mucho en lo que pueda aportar. Las ayudas oficiales y médicas prometidas no llegaron y lo más cercano que tiene es llamar la atención.

“Es que necesito ayuda, necesito apoyo médico para mi hijo. Nos reunimos en la intendencia y me dijeron ‘vamos a tener que revisar bien su caso’ y se demoran meses. Eso no puede ser. No me ayudan”, clamó Araya.

Aclaró que a pesar de que su papá tiene una condición de enfermedad, su principal objetivo es que su hijo sea atendido con dignidad. Sólo con eso se conforma.

 

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